19 julio 2019
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Andrea Hernández: “El 20% de la sociedad tiene alguna intolerancia y queremos que todos sepan qué van a comer”
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17 May 2019 | 08:00h
Andrea Hernández: “El 20% de la sociedad tiene alguna intolerancia y queremos que todos sepan qué van a comer”
Hoy en Industria Gallega hablamos con Andrea Hernández, física emprendedora que ha puesto en marcha Sense-Z, una start-up que acaba de desarrollar una tecnología capaz de detectar, a través de una lengua electrónica, los catorce tipos de alérgenos alimenticios que reconoce la Unión Europea. Con la tecnología a punto, esta monfortina y sus dos socios buscan un partner industrial que les ayude a poner en marcha el producto, cuyo objetivo es lograr un reloj pulsera portátil y asequible a todos los bolsillos.
 
¿De dónde surge la idea de formar Sense-Z?
 
Viene de una experiencia vital, pero también del entorno. Soy intolerante al marisco con concha, los bivalvos y, en los últimos años, la mayoría de mis amigos han desarrollado diferentes intolerancias y se volvió difícil ir a un sitio del agrado de todos. Con esto buscamos que todo el mundo pueda comer lo que quiera y que sepa qué va a comer.
Nuestra idea inicial era crear una lengua electrónica, simulando una real con sus papilas gustativas, en formato reloj pulsera, con el que, al ponerlo en contacto con el alimento, reconoce qué alérgenos contiene. Después, se limpia con una gamuza similar a la de las gafas, con jabón neutro, y está listo para hacer otra muestra. Pero, aunque la tecnología, el software ya está a punto, el hardware es mucho más complicado, y la tecnología que existe permite que hoy, esta lengua tenga el tamaño de una impresora grande.
 
Entonces, empezasteis enfocándoos en el consumidor particular, pero habéis tenido que cambiar la estrategia.
 
Sí. Nuestro primer foco eran las personas particulares y satisfacer sus necesidades. Nos llevamos un chasco cuando vimos que para conseguir ese producto pequeño y portable, necesitábamos minimizar la tecnología; y ese es un proceso costoso y largo. Pero gracias a diferentes programas de emprendimiento, vimos que ese momento llegará, pero que primero es mejor enfocarse en la industria alimentaria. Quisimos empezar la casa por el tejado.
Ahora, con la tecnología ya a punto, estamos preparados para dar soporte en todos los procesos productivos para que no haya contaminación cruzada, y si se da, poder saber dónde se da para que en la próxima producción no se produzca. Esto provocará que el tejido productivo crezca y, además, que se dé una democratización de los precios: el 20% de la población tiene algún tipo de intolerancia o alergia alimenticia y cada vez somos más.
 
Tenéis la tecnología preparada para echar a correr, pero estáis en la busca de un partner.
 
Eso es. Con una universidad de Portugal, hicimos un codesarrollo tecnológico. Pero ahora nos falta hacer el contraste con dispositivos de análisis adecuados. Por eso buscamos una empresa que nos dé soporte físico para poder seguir desarrollando con ellos el proyecto. El hardware es muy costoso y parte del instrumento que necesitamos, y que ya está en las empresas de la industria alimenticia, lo necesitamos para un periodo muy breve. Echar a correr por nuestra cuenta para poder lanzar el producto al mercado nos supondría una inversión de 500.000 euros; es muchísimo. Con un partner con el que hacer el desarrollo final para poder salir al mercado, nos beneficiamos todos.
 
¿Tenéis ya candidatos?
 
Hablamos con diferentes empresas, pero la mayoría no tienen interés.
 
Las intolerancias y alergias alimenticias afectan a uno de cada cinco personas y el número va en aumento. ¿No existe ningún producto similar al que buscáis terminar de desarrollar?
 
Una empresa de Estados Unidos tiene un dispositivo de 300 euros que admite una cápsula, como las de café, cada una de 10 euros, en la que metes el alimento y te dice si contiene gluten o cacahuete, nada más. Es un producto que está bien, que funciona, pero que tiene un coste elevado que no está al alcance de la economía de cualquier persona.
 
Aun afectando a tanta gente, ¿por qué creéis que las intolerancias y alergias es algo en lo que no se centra la industria alimenticia?
 
Este tema es algo nuevo en cuanto a que antes no existían análisis que detectaran intolerancias. Comías algo y decías que te sentaba mal, y ya. Hoy estos estudios te dicen a qué tipo de grupos de alimentos puedes desarrollar intolerancias o alergias.
Por otro lado, la industria procesa cada vez más sus alimentos hasta el punto de que una patata ya no es una patata; cuanto más procesado está, más cosas puede llevar un producto. No es como antes, que nuestros abuelos iban a la huerta y la patata que comían era 100% patata y el filete, era un filete.
Ahora, esto ha cambiado, pero por suerte la legislación de la Unión Europea es cada vez más rígida y, por ejemplo, todos los establecimientos deben indicar los catorce alérgenos que la UE considera como tal. El problema es cuando vas a comer o cenar fuera, que puede haber contaminación cruzada. Ahí es más difícil llevar un control estricto y, para quien sufre una intolerancia o alergia, cada vez es más difícil salir a comer.
 
La Unión Europea empieza a reaccionar ante esta realidad. ¿Y la industria?
 
No tanto. Desde Sense-Z fuimos por casi todas las industrias gallegas y nos comentaban que sacar un producto sin gluten, una de las intolerancias más comunes, suponía un alto coste y que, después de la crisis, es difícil de asumir. Y los que sí ofrecen productos aptos para celíacos, tienen un coste desorbitado. Nos gustaría que existiera una ley que, por ejemplo, ordenara a las empresas a que el 10% de los productos que saquen estén pensados para todos los públicos. ¿Es un coste alto? Sí, pero pienso que debemos mirar no solo hacia nosotros, sino hacia los demás. Y al final quienes padecen intolerancias o alergias son un nicho importante de mercado.
 
¿Y cómo está siendo la experiencia de emprender?
 
Está siendo dura. Hace tres años, cuando comenzamos el proyecto, nunca hubiera dicho que sería emprendedora. Pero no quería que la investigación, que costó tanto tiempo, se quedara en la biblioteca, así que hice todo con mi equipo para sacarlo adelante. Pero, aunque éramos estudiantes y no teníamos ni idea sobre emprender, vimos que era necesario que algo así saliera al mercado.
Por suerte existen iniciativas locales que te dan apoyo. Hace unas semanas ganamos el concurso A Semente de Monforte, que premia ideas de emprendimiento. Desde allí nos han dado una difusión un apoyo… No solo es el económico; necesitábamos una consultoría y nos proporcionaron una para ayudarnos a solucionar los problemas que teníamos. También fomentan el contacto con diferentes industrias. También el coworking de la Ribeira Sacra, que es desde donde nos hicieron el cambio de chip cuando más los necesitábamos. Sí que el mérito es nuestro, pero sin el apoyo de estas iniciativas no hubiera sido posible.
 
Ha sido y está siendo duro. ¿Volverías a hacerlo?
 
No me arrepiento de lo que he hecho, para nada. Y queremos que esto salga adelante. Aun así, lo más difícil de todo es el hecho de ser emprendedor. El sistema que existe en España no tiene comparación con el de otros países, donde es mucho más fácil. Se nos ponen muchas trabas y las cuotas son muy elevadas.
 
Y ahora, en plena búsqueda de un partner, ¿qué plazos os marcáis?
 
Cuando consigamos el partner, calculamos tardar unos 18 meses en salir al mercado. Pero para el cliente particular, el objetivo lo marcamos en unos cuatro años.