20 octubre 2019
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Carlos de la Rocha: "Los drones tienen una barbaridad de aplicaciones, y aún quedan muchas por conocer"
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19 Apr 2019 | 08:00h
Carlos de la Rocha: "Los drones tienen una barbaridad de aplicaciones, y aún quedan muchas por conocer"
Hoy en Industria Gallega hablamos con Carlos de la Rocha, fundador y responsable de proyectos de Aeromedia UAV, empresa líder en el sector de los drones. Sus aparatos no tripulados están detrás de muchas escenas del panorama audiovisual español, como persecuciones en Fariña o el último anuncio de Estrella Damm. Pero también son parte importante a la hora de detectar desaparecidos en zonas naturales o de vigilar el estado de recovecos inaccesibles de grandes infraestructuras. Hace una semana fueron una de las seis empresas elegidas en la primera edición del BFAero, la aceleradora del sector aeroespacial de la Xunta.
 
Aeromedia nació en 2012 para comercializar drones con un objetivo principalmente audiovisual, dándole, además, el valor de crear aparatos adaptados a partir de la integración de sensores con diferentes funciones. ¿Pensabais entonces que ibais a poder cubrir tantas opciones?
 
Durante el plan de empresa vimos que estos aparatos podían tener un futuro similar al de los móviles: nacieron como teléfonos, pero ya casi nadie les da ese uso. Veíamos que era una oportunidad de poner equipos en el aire con algunos usos entonces lógicos, pero de muchos otros que no podíamos imaginar y que hoy son posibles gracias a que las piezas son cada vez más pequeñas y que surgen softwares capaces de administrar todos esos datos.
 
Por ejemplo, ¿cuáles?
 
Hay una barbaridad de aplicaciones. Una muy importante es en sistemas de emergencias gracias a que los sensores de temperatura, que existen desde hace tiempo pero que eran muy grandes y pesados, hoy son tan pequeños que pueden incorporarse a un dron. Si se pierde una persona en el monte y es de noche, un dron con un sensor termofísico la encuentra y las posibilidades de salvarle la vida aumentan: si no es posible rescatarla al momento, puedes hacerle llegar agua, comida, un kit de primeros auxilios o un walkie.
Uno de los proyectos en los que también participamos es Xestal, que trabaja en la medición de masa forestal. O también pueden utilizarse para inspeccionar al detalle un puente sobre un río; antes había que contar con grúas especiales, y hoy con un dron es facilísimo detectar si existen grietas o problemas estructurales. Lo mismo es aplicable a líneas eléctricas, antenas de teléfonos, carreteras e infraestructuras lineales…
Ahora se están probando nuevos sensores que puedan detectar personas bajo los escombros en casos de terremotos, por ejemplo. También se están desarrollando georradares para detectar ciertos minerales de difícil detección. 
Hay muchas opciones y aún quedan muchas por conocer, la pena es que las dos únicas veces que se habló de drones en medios gallegos fue para dar malas noticias: multas por parte de la Guardia Civil e inspecciones de Hacienda sobre catastro.
 
Cuando nacisteis, también surgieron, tanto en Galicia como en el resto de España, varias empresas que también buscaban comercializar con drones. ¿Hubo algo más, aparte de otorgar valor a la compañía ofreciendo el montaje de aparatos, que os ayudara a convertiros en los líderes del sector? 
 
Cuando empezamos, lo hicimos con muy poquito dinero, unos 3.000 euros, y al poco ganamos un concurso audiovisual que nos dio cierto impulso. Siempre tuvimos en la cabeza que el destino de la compañía tenía que enfocarse al sector industrial, a temas de inspección, y éramos conscientes que no podíamos acercarnos a un gigante eléctrico, diciéndole que teníamos dos drones y tres pilotos; así que apostamos por tener una dimensión que fuera capaz de cubrir la demanda de clientes grandes.
También nos ayudó a crecer el contar con ayudas como la Civil UAV Initiative de la Xunta, y ayudas privadas de conocidos y amigos, hasta que a finales de 2016 una empresa privada entró como inversor con menos del 25% del capital. 
Además, nos hemos convertido en el distribuidor en España de una de las mejores marcas de estos equipos, los Phoenix LiDAR, que cuentan con un revolucionario sistema láser de escáner. 
 
Hablabas de que los primeros impulsos vinieron de la mano de iniciativas de la Xunta y hace una semana fuisteis uno de los seis elegidos para formar parte de la primera edición del Business Factory Aero (BFAero), una aceleradora de empresas especializada en el sector aeroespacial impulsada por la Xunta. ¿Qué tal está este sector en Galicia?
 
En Galicia hay unas 300 empresas dedicadas a los drones, un 8% de las que hay en España; Galicia siempre está en un 8%.
Cuando empezamos en 2012, Galicia era una región más, pero en 2015 se abrieron diferentes ayudas e iniciativas, tanto públicas como privadas, y eso supuso un impulso muy grande no sólo a nosotros, no solo a empresas de drones, sino también a todas aquellas que utilizan estos aparatos como herramientas y para aquellas que crean herramientas.
Cuando pasa esto, se crea un ecosistema de demanda de servicios y sectores que se retroalimentan. Por ejemplo, nosotros decidimos poner algo en el aire, pero como ese aparato no tenga unos sensores, un software... de poco sirve. 
 
¿Y qué papel juegan aceleradoras como BFAero? ¿Es la primera vez que participáis en una?
 
Nunca habíamos participado en una aceleradora de empresas y esta oportunidad nos hace mucha ilusión. Y en este caso, supone poder sacar adelante proyectos que económicamente no podríamos afrontar, es clave. A la vez, podemos estar más en contacto con la administración, con la Fundación CEL, el GAIN, Indra, etc.
 
¿De dónde consideráis que tienen que venir estas iniciativas que fomenten sectores en potencia, en I+D, por ejemplo? ¿Iniciativas privadas o públicas?
 
Las empresas deben vivir del mercado, no de subvenciones, que son buenas para poder desarrollar negocios que luego sean rentables. En un sector como el nuestro hay que invertir en I+D, y en Galicia se hace. Pero el que vive de subvenciones acaba muriendo.
 
El proyecto elegido para la aceleradora, Dronewind, busca desarrollar aparatos parala inspección de aerogeneradores eólicos. ¿No existía ya un sistema que vigilara su estado?
 
Existía un proyecto que no terminaba de salir adelante por una desventaja económica. La idea es inspeccionar las aspas de los molinos en el momento, pero al estudiarlo en un principio vimos que era algo complicado con varios problemas técnicos. Después de mucho estudio, se consiguió un sistema que funciona, pero requiere una inversión importante en un software más robusto. Ahora contamos con un sistema que funciona para las inspecciones en movimiento, pero es muy manual, y la idea es que, una vez que el sistema esté robusto, hacer las inspecciones más automáticas.
Es un proyecto muy chulo, y aunque aún faltan algunos días para cerrar algunos cabos, esperamos crear tres puestos de empleos a corto plazo; al menos una decena de aquí a un año.
Y otro aspecto a destacar es que, como comentaba antes, surgen sinergias. Aunque estemos hablando de inspección, lo que hacemos en este proyecto es la toma de datos de inspección; no tenemos inspectores ni queremos tenerlos. En ese punto, acudimos a una empresa gallega de inspección con la que tenemos un acuerdo para analizar esos datos. De esa forma, no nos metemos en el terreno de otros.
 
Hace unos años, Dubái anunciaba que iba a contar con taxis drone. ¿Es esto posible?
 
Tecnológicamente, sí. El problema es la integración de esos equipos en el espacio aéreo. No puedes tener aparatos de 200 kilos encima de la cabeza de la gente, tiene que haber ciertas medidas de seguridad. Por ejemplo, tiene más sentido para poder ir de un puerto a una isla alejada.
 
¿Cuál es el futuro de las empresas dedicadas a estos aparatos no tripulados?
 
Existen muchas, y creemos va a haber cierta depuración, que las empresas de drones con servicio genérico van a ir desapareciendo, para que vayan quedando aquellas que puedan ofrecer un servicio amplio y especializado en varias áreas, no en una o dos. No hay cabida para todos.
 
Y sobre números, ¿cuántos empleados sois y cuáles son la facturación de 2018 y la prevista para 2019?
 
Somos 16 empleados, a los que se suman varios autónomos repartidos por toda España para darnos presencia nacional.
La facturación de 2018 fue de unos 920.000 euros, pero esperamos cerrar este año, siendo prudentes, en torno al millón y medio. La diferencia es que el año pasado trabajamos mucho en el proyecto para llevar al BFA, y para este año tenemos varios contratos firmados.