21 septiembre 2019
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Juan Luis Méndez Rojo: “El vino blanco español con prestigio internacional es el albariño”
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26 Apr 2019 | 08:00h
Juan Luis Méndez Rojo: “El vino blanco español con prestigio internacional es el albariño”
Hoy en Industria Gallega nos servimos una copa de mencía y otra de albariño con Juan Luis Méndez Rojo, propietario y gerente del proyecto lucense reconocido como la empresa que más contribuye a la promoción de la gastronomía gallega, Méndez-Rojo. Con dos bodegas propias, Vía Romana (Ribeira Sacra) y Terriña (Valdeorras), y otras tres terciarizadas, Méndez-Rojo cuenta con elaboraciones en las cinco denominaciones de origen gallegas, que pueden degustarse en restaurantes de todo el Estado, pero también de países como México, Japón, Colombia, Lituania, Estados Unidos o Corea del Sur.
 
 
Méndez-Rojo es una empresa bastante reciente, creada en 2016, pero vuestra historia se remonta a décadas atrás.
 
Llevamos toda la vida en el mundo del vino. Mi abuelo compraba vino a diferentes viticultores de Chantada y lo servía en el mesón que tenían, donde mi abuela cocinaba. Después siguieron mi tío y mi padre, que es enólogo, y el primer salto empresarial lo dieron en 1976 cuando se conformaron como empresa bodeguera. En los ochenta empezaron a comprar viñedos, todavía sin tener ninguna denominación de origen, y años más tarde, en 1997, entro al proyecto. Ahí fue cuando compramos una vieja bodega del siglo XVI, la que hoy es Vía Romana (Ribeira Sacra), y, aunque no la terminamos de restaurar hasta el año 2000-2001, la primera añada fue en 1998.
En ese momento empezamos a crecer a nivel nacional; el internacional fue más complicado. Con los años fuimos evolucionando: sin tener bodegas propias, empezamos a elaborar marcas propias en Valdeorras, hasta que en 2011 compramos la bodega más antigua de la zona y la restauramos. Hoy esa bodega es Terriña.
 
Además de vinos, también elaboráis licores. ¿Qué os llevó a ampliar el mercado?
 
Queríamos cerrar el círculo. Lo más representativo de Galicia son los licores aguardientes, y los aguardientes de referencia son gallegos. Teníamos que tenerlos en nuestro catálogo y, por suerte, unos primos tienen una destilería en Chantada, en la que trabajamos.
Además, contamos con un vino dulce tipo Oporto, con caramelo de castañas, y tenemos un Mencía vegano de Vía Romana, en el que no utilizamos clara de huevo para clarificar, sino guisantes.
 
Hace unas semanas, recibisteis por parte del concello de Lalín el reconocimiento a la empresa que más contribuye a la promoción de la gastronomía gallega. ¿Qué importancia tiene identificar ciertos productos, vinos en este caso, con una región?
 
Un producto local es una garantía, una atracción para el turismo, y a Galicia se puede venir a consumir prácticamente cualquier producto, cada vez con mayor calidad. Lo cierto es que tenemos una buena imagen, y Galicia Calidade fue uno de los grandes aciertos de los últimos 25 años como marca, que no se queda en una frase de marketing vacío, y eso es un lujo. Funciona a nivel local, los productos responden, pero también creo que nos falta aprovechar este impulso tanto a nivel nacional como internacional. Creo que podríamos ser como una pequeña Italia, con restaurantes por el mundo que sean un escaparate de los productos gallegos.
 
¿Está el vino gallego minusvalorado frente a otras denominaciones de origen, como pueden ser los Rioja?
 
Los Rioja siempre van a estar en lo alto, llevan toda la vida ahí y hoy son la marca de tintos española por el mundo. Lo único que podemos hacer es estar cerca de ellos. Sin embargo, y para la suerte de Galicia, el blanco español con prestigio internacional es el albariño.
Por eso, el resto de las denominaciones de origen gallegas tienen que estar cerca de Rías Baixas y no verla como una competencia, sino como una compañera de camino. Galicia es muy pequeña para tener cinco reinos de taifas, y en ese sentido creo que hay que buscar un paraguas gallego que esté capitaneado por Rías Baixas, y así los vinos y denominaciones gallegas puedan darse a conocer al resto del mundo.
 
Un estudio reciente ponía la alarma en la situación demográfica de la Ribeira Sacra: la edad media de sus 2.400 viticultores es de 65 años y solo 150 de ellos tienen 50 años o menos. Esto también se da en otras zonas vinícolas como Ribeira y Valdeorras. Desde vuestra posición, y con presencia en las tres zonas, ¿qué futuro le espera al sector?
 
En cualquier zona interior de Galicia hay un problema de relevo generacional. Aunque con la crisis mucha gente vio en el campo una salida profesional, falta darle prestigio al sector. Parece que estudiar cualquier carrera te da cierta categoría, y que trabajar en el campo es una opción de último recurso, cuando ya no puedes hacer otra cosa. Y esto no es así, hay que cambiarlo. Pero este reconocimiento tiene que venir por parte de la sociedad.
El trabajo en el campo es un trabajo muy manual, pero, si se quiere trabajar, es una buena salida para la gente joven. En Galicia hay muchas oportunidades y proyectos fantásticos, y en el caso de la viña, ésta va a ir a más. Aquí, la uva se paga bien y se va a seguir pagando bien. Pero hay que trabajarla.
Uno de los problemas que más daño hacen a los cultivos gallegos es el minifundio. Hay que tener cierto tamaño para ser rentable, y vivir de pequeñas parcelas es imposible. Esto pasa en los viñedos y en todos los campos.
 
¿Se están dando cambios o tomando medidas de algún tipo para afrontar este problema? ¿Desde dónde debería impulsarse la solución?
 
Por un lado, se está viendo cierta profesionalización del sector. Nadie aguanta sin ser profesional. Por otro, ahora existen proyectos de cooperativas gallegas que se unen para hacer marcas potentes, como en la leche, y esto sí que hace que haya futuro y que se vaya creciendo en producción. Pero, aunque creo que las cooperativas hacen buena labor en ciertos campos, creo que en el del vino no son la solución, sino que la solución está en bodegas privadas de mayor tamaño, las que hay son muy pequeñas. En España hay unas 4700 bodegas, algo más de 460 en Galicia, y cada bodega tiene varias; es un mundo muy atomizado.
 
¿Y para cambiar la imagen del bajo prestigio del trabajo en el campo?
 
Hay gestos pequeños, como que los colegios vayan a ver explotaciones ganaderas o bodegas. Ahí no son solo los niños los que ven cómo se hacen las cosas, que es algo fantástico, sino también sus profesores y los padres. También premios por parte de concellos, como el de Lalín, o privados, en los que se reconozca la labor del campo, no solo a starts up. Y también creo que alguna formación más específica en el campo debería de haber.
Pero también hay que cambiar la imagen que se tiene del vino. España es el tercer productor mundial de vino, pero su consumo es muy bajo. Creo que, históricamente, desde el mundo del vino no se ha sabido cómo acercarse al consumidor, sino que se le ha hablado de una manera técnica y eso no hace más que alejarlo. No hemos sabido unirnos y transmitir su mundo. Desde nuestra parte, el trabajo está en hacer este mundo más simple y cercano.
 
Y los vinos de las bodegas de Méndez-Rojo, ¿qué tienen de especial?
 
Más allá de las condiciones climáticas, del tipo de tierra, etc., es fácil hacer un vino de calidad. Pero un buen vino tiene que tener más que calidad, tiene que tener alma, y el alma son las personas. Los vinos que funcionan son los que detrás tienen personas que lo quieren, porque a través de ellos se expresa la ilusión y el cariño que les pones. Se trata de ir más allá de producir una fórmula. Los vinos se elaboran con el mimo diario.
Desde Méndez-Rojo, este mimo especial se lo damos al elaborar sin prisas, especialmente en los tintos. No sacamos los vinos para que se consuman, sino para disfrutarlos en el momento óptimo de consumo. En el caso de los blancos no es tan así, porque son vinos más frescos y esa frescura tenemos que tenerla en el mercado.
 
¿Qué proyectos tenéis?
 
Ahora contamos con 66 hectáreas de cultivo, que se reparten en dos bodegas propias, la de Valdeorras (Terriña) con 25, y Ribeira Sacra (Vía Romana), con 16; y el resto son controladas que se reparten en las otras tres denominaciones en bodegas independientes (Mar del Norte, en Rías Baixas; Marqués de San Fiz, en Ribeiro; y Lagar de Deuses, en Monterrei). Queremos tener bodegas propias en las cinco denominaciones de origen gallegas en los próximos cinco años. Pero también tenemos en mente lanzamientos nuevos de buenos vinos para consolidar nuestra marca, que solo tiene tres años.
 
¿Cuál fue la última facturación y cuál es la estimada para 2019?
 
2018 fue un año complejo por una añada complicada, además de que el segundo año es un año de transición. Facturamos un millón de euros, pero esperamos que la de 2019 sea un 60% mayor. Para eso empezamos una estrategia de profesionalización del equipo humano que proyectamos para este año y hasta 2022.
 
¿Y vuestro volumen de producción?
 
No es una producción de mucho volumen, por eso nos centramos en hostelería, restauración y tiendas especializadas. No llegamos a las 400.000 botellas de 75 cl. De estas, un 65% se van a hostelería y restauración en Galicia; un 20%, al resto del Estado; y un 15%, a los 21 países en los que tenemos presencia.