19 marzo 2019
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Manuel Fernández: “Los festivales que no cuentan con apoyo por parte de las instituciones están destinados a desaparecer”
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23 Nov 2018 | 08:31h
Manuel Fernández: “Los festivales que no cuentan con apoyo por parte de las instituciones están destinados a desaparecer”
Hoy en Industria Gallega hablamos con Manuel Fernández, uno de los organizadores del festival A Candeloria, que se celebra en Lugo desde el año 2014 y que este año afronta su última edición. Sus creadores han conseguido ampliar durante siete años la oferta cultural en esta ciudad con este evento en el que han querido reivindicar la normalización del gallego en la música.

¿Qué aspectos hay que tener en cuenta para organizar un festival de música?

Nosotros realmente fuimos dos inconscientes que no teníamos ni idea de lo que era montar un festival, y realmente seguimos sin tenerla. Lo único que queríamos era hacer algo que creíamos que no había en Lugo. Intentamos tirar de las amistades que teníamos y de las que fuimos haciendo a lo largo de estos años en el mundo de la música para crear algo que no solo se basara en música, sino que fuera un poco más allá, que repercutiera también culturalmente. Lo que intentamos fue crear un espacio en el que se  juntaran artesanía, música, danza… Es decir, mezclar varios aspectos culturales e intentar que se creara sobre todo un clima de buen ambiente, que la gente pudiese incluso ir sola y hacer amigos allí.

¿Cómo os financiáis?

Nos financiamos única y exclusivamente con las entradas del festival. No tenemos ningún tipo de subvención pública. Contamos con alguna pequeña ayuda de alguna marca a la que le interesa participar, pero muy pequeña. Solo los dos primeros, años, cuando estaba el BNG, tuvimos alguna ayuda pero también fue muy pequeña. Desde que se fueron, no volvimos a ver un duro por parte de la institución pública. Evidentemente, tuvimos que poner dinero de nuestro propio bolsillo para empezar, y lo seguimos haciendo, de lo contrario sería imposible.

¿Qué tipos de licencias se requieren?

Nosotros contamos con una asesoría que nos ayuda con este tema. Lo único que tenemos que hacer es el seguro de responsabilidad civil y el plan de prevención de riesgos que depende un poco de la gente que acuda al festival, que suele oscilar entre 2.500 y 5.000 personas. El resto de permisos por suerte corren a cargo del Pazo  de Feiras e Exposicións de Lugo, y eso nos facilita mucho las cosas.

¿Es Lugo un buen lugar para organizar un festival?

Siempre se dice que en Lugo no hay nada, y eso no es verdad. Se está convirtiendo en la cuna del jazz en Galicia con sus salas insignia como el Clavicémbalo, tiene uno de los festivales de rap más potentes de toda la comunidad como es Nova Fest y por supuesto de la música indie con el Caudal Fest. Además, durante las fiestas de San Froilán suele tener conciertos bastante potentes. Yo creo que en Lugo hay mucho que hacer, hay mucha cultura musical. Quizá en nuestro ámbito (punk rock, ska, rock en gallego…) sí que había una carencia de oferta de eventos y festivales. Intentamos cubrir ese espacio y que saliese bien, y parece que así es.

¿Tiene Galicia potencial suficiente para abarcar la cantidad de festivales que están surgiendo?

Galicia tiene mucho potencial. El problema es que las instituciones públicas se vuelcan siempre en los mismos festivales, sobre todo en los que se hacen en la zona de Pontevedra, y lo que ocurre es que festivales como A Candeloria están abocados a durar unos pocos años. Los festivales que no tenemos apoyo institucional estamos destinados a desaparecer. Es totalmente imposible hacer un festival que dure veinte años sin ayuda institucional. Al menos yo no conozco la fórmula de hacerlo, ni conozco a nadie que la sepa.
 
Con el enorme panorama de festivales que hay en España, ¿qué hay que hacer para conseguir un hueco?

Ahora por suerte tenemos un poco más de difusión. Lo primero es hacer algo que sea distinto, que le llegue a la gente. En ese sentido, ser un festival de invierno nos puede ayudar porque hay bastante distancia con otros festivales similares. A Candeloria abre la temporada de festivales, y eso nos da un valor diferente. Pero también tenemos otros problemas, como conseguir bandas, ya que la mayoría no están en gira en ese momento. Lo cierto es que hay más problemas que ventajas, pero nuestro factor diferencial es la fecha. Hay que acertar con la tecla que pulses, que a la gente le guste tu propuesta. Nosotros lo hacemos desde la humildad y el cariño y siempre intentando que la gente se sienta cómoda en el festival y que le guste nuestra propuesta. De momento ha ido calando con la respuesta de la gente, y esperamos que siga siendo así en esta última edición.

Y también influirán las redes sociales…

Las redes sociales son importantísimas, no cabe duda. El problema es que antes había unos algoritmos que hacían que fuese muy fácil llegar a la gente. Ahora hay que pagar y aun así se llega a menos gente que hace tres o cuatro años. La diferencia es muy grande. Hay que invertir en redes sociales porque son imprescindibles, sobre todo Instagram y Facebook.

¿Qué hay que tener en cuenta a la hora de contactar con los grupos?

Con los grupos lo importante es el trato. Nosotros, con el paso del tiempo, hemos pasado de tener una relación comercial el primer año del festival, a prácticamente ser amigos de las bandas en el segundo. Siempre se han portado muy bien con nosotros, y ese trato influye mucho. Además, el boca a boca es muy importante. El circuito gallego es pequeño. Si tratas bien a las bandas, ellas van a hablar bien de tu festival y va a ser más fácil contratarlas. Por supuesto, también está el papel que juega el dinero. Tienes que hacer un presupuesto realista, aunque no siempre se consigue, y que sea rentable. Influyen tanto el dinero como el trato.

¿Por qué habéis decidido dejar de hacer A Candeloria?

Somos pocos para organizarlo. Nosotros nos hemos volcado en este proyecto. A Candeloria está hecho con pasión y con muchísimo sentimiento. Pero los sentimientos pueden ser buenos o malos. Hubo muchísima alegría, pero también hubo momentos de mucha tensión, de mucho desánimo, de tener que reinventarte. Y eso pasa factura a cualquiera. Nosotros incluso nos planteamos no hacerlo este año, pero la gente merecía que nos despidiésemos por todo lo alto, como se merece un evento de este tipo. Espero que todo el mundo lo disfrute y no se olvide de esta última edición.