20 julio 2019
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Xosé Lois Lamazares: “Para que haya iniciativa privada en lo rural, las administraciones deben facilitar el acceso a servicios básicos que no se dan”
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22 Feb 2019 | 08:00h
Xosé Lois Lamazares: “Para que haya iniciativa privada en lo rural, las administraciones deben facilitar el acceso a servicios básicos que no se dan”
Hoy en Industria Gallega hablamos con Xosé Lois Lamazares, coordinador general de Daveiga, la responsable de las galletas mariñeiras que han colocado a esta compañía lucense en el ranking de empresas europeas con mayor crecimiento durante el periodo 2014-2017, elaborado por el periódico Financial Times. Pionera en las certificaciones ISO e IFS en Galicia, esta empresa con sede en Chantada basa su negocio en un concepto de pan seco recuperado del siglo XV.
 
Las referencias que existen sobre lo que hoy son las galletas mariñeiras son del siglo XV. ¿De dónde surge el retomar y comercializar esta idea seis siglos después?
 
El origen de estas galletas está en los marineros españoles de entonces que desarrollaron una forma de secar el pan para conservarlo comestible durante mucho tiempo. Los promotores Daveiga somos tres hermanos que llevábamos tiempo queriendo poner en marcha un proyecto rural y nos interesaba lo relacionado con la agroecología. En 2003 viajamos a ver un hermano panadero, que vive en Buenos Aires, y estaba en un proyecto similar al que tenemos hoy. El concepto nos pareció interesante y creímos que aquí podía tener un potencial comercial. Así que abandonamos los otros proyectos que teníamos en mente mientras estudiamos la viabilidad de la galleta mariñeira.
 
Y entonces visteis que sí, que podía tener esa viabilidad que pensabais.
 
Fue un proceso largo. Viajamos a Argentina en 2003 y fue en 2006 cuando empezamos a vender galletas en alguna feria. Nos tomamos tiempo para madurar la idea y contar con un mínimo de viabilidad en el proyecto.
 
Desde el primer momento os centrasteis solo en la producción de este tipo de galleta. ¿Por qué?
 
Para un proyecto pequeño como el nuestro, con el que abordábamos un nicho de mercado reducido, un solo producto era más que suficiente y esta galleta tenía todo el potencial para estabilizar el proyecto. Además, se suma que, como al principio no había muchos recursos y el proceso de introducción en el mercado era lento, decidimos focalizar todas las fuerzas en este producto.
 
Después, con el tiempo, empezasteis a ofrecer otras variantes de las galletas mariñeiras, como de espelta, quinua, con masas de algas, etc. Puede sonar un poco arriesgado, ¿no?
 
Desde el momento en que concebimos la idea, teníamos claro que la galleta mariñeira iba a ser un producto natural. Y como empresa monoproducto, fuimos extendiendo la línea para adaptarnos a diferentes canales de comercialización y diferentes nichos de mercado saludables y ecológicos, siempre en este sentido. Empezamos con la galleta convencional, a la que llamamos natural porque no lleva ni aditivos ni conservantes. Y a finales de 2007 abrimos la línea ecológica porque entendíamos que era un nicho con una proyección interesante. Hoy tenemos siete referencias ecológicas.
 
Una sucesión de ideas acertadas que os han llevado al éxito. ¿La razón está en un buen estudio de mercado como el que hicisteis antes de apostarlo todo?
 
Bueno, consideramos que hay tres aspectos que aportaron diferentes cosas, cada una en su medida. Por un lado, no es tanto un estudio potente de mercado como un estudio acertado. Y acertamos en proyectar el producto en esa tendencia ecológica, en la que apenas había oferta por entonces.
Por otro lado, desde el principio queríamos apostar por un sistema integrado de gestión de calidad, medioambiente y seguridad alimentaria muy potente. Los primeros certificados ISO e IFS los obtuvimos en 2008.
 
No hay muchas empresas gallegas que cuenten con estas certificaciones.
 
Fuimos prácticamente la primera empresa de Galicia en el sectorque apostaba por un sistema de calidad. Eso fue un acierto porque una marca que nadie conocía podía presentarse de manera profesional.
 
¿Y el tercer factor que dices que os ha ayudado a crecer?
 
Es nuestro modelo de gestión poco convencional. Nos apoyamos mucho en el proyecto orientado a la economía social, donde el trabajador es parte del proyecto. Por ejemplo, todos los empleados participan en la organización del proceso de producción o tienen acceso a toda la información: saben cuánto se factura al final de mes, cuál es la previsión de pedidos para el mes siguiente, los resultados y beneficios anuales, los salarios y propuestas de retribuciones, etc. Con esto conseguimos una motivación alta, que exista una buena valoración del personal, flexibilidad que nos ha permitido adaptarnos a diferentes circunstancias de la vida del proyecto. Todo esto ayuda a que haya un alto grado de identidad interna y un muy buen ambiente de trabajo.
 
¿Y por qué producirla en un lugar como Chantada? ¿Qué tiene de especial esta localización?
 
Los tres promotores de Daveiga somos tres hermanos del concello de Rodeiro, al norte de Pontevedra, y estábamos viviendo en núcleos urbanos en torno a Vigo y la capital de la provincia. Pero llevábamos tiempo queriendo emprender un proyecto autogestionado y rural, volver a nuestros orígenes. En Rodeiro no hay zona industrial, así que las alternativas eran Lalín o Chantada; esta es la que teníamos más cerca, pero también nos identificábamos más con el entorno de la Ribeira Sacra y, por entonces el suelo industrial, al estar menos desarrollado, también era más asequible.
 
¿Por qué esas ganas de emprender en lo rural?
 
Por un lado, los tres estábamos muy vinculados y apegados a Rodeiro y era donde más a gusto estábamos. Por otro, a nivel profesional me especialicé en desarrollo rural y quería poner en práctica el desarrollo local y poder incidir, aunque sea a pequeña escala, en el mismo. Y con Daveiga lo podíamos conseguir creando puestos de trabajo en un momento de crisis muy grande, donde se estaba produciendo el cierre de explotaciones agrarias.
 
El mundo rural lleva años disminuyendo su población, pero en los últimos años, y especialmente en Galicia, el éxodo es cada vez más intenso. Proyectos como el de Daveiga ayudan a evitar la despoblación de lo ya muy despoblado. Pero son iniciativas privadas las que están tratando de mantener la población en núcleos pequeños. ¿O no? ¿Qué papel tienen y deberían de tener las instituciones públicas?
 
Desde el punto de la dinamización económica, la iniciativa privada tiene tanto peso o más que la pública. Pero la iniciativa pública debe ser la encargada de facilitar el acceso a servicios básicos que aporten calidad de vida, como una red de telefonía, saneamiento o suelo industrial. Pero esto no se da, y ahí es donde las administraciones tienen mucho que hacer.
Después, veo que existen cantidad de iniciativas y líneas de ayudas para fomentar el empleo rural: de eficiencia energética, incorporación de jóvenes agricultores, de apoyo a la agroindustria, etc. Sin embargo, no existe una planificación de desarrollo rural que aborde el tema en su conjunto, y mientras no se dé, el progreso va a ser complicado. Y es una pena, hay mucho talento joven formado para trabajar en el mundo rural.
 
A estas galletas se las identifica como mariñeiras, un adjetivo que, no solo está en gallego, sino que evoca en sí mismo a Galicia. ¿Tiene importancia vincular un producto a una tierra?
 
Cuando desarrollamos el plan de empresa, desarrollamos también la estrategia de marketing, y tanto el nombre de Daveiga, como el de mariñeira, fueron intencionado. Cada vez más el consumidor tiende a buscar productos diferenciados y que tengan un vínculo con el territorio al que pertenecen.
 
¿Los ingredientes que utilizáis son gallegos?
 
No todos, porque muchos no se producen en Galicia. Sin embargo, priorizamos materias primas producidas aquí o transformadas en esta tierra. Por ejemplo, la harina de trigo es limitada y, además, la que utilizamos tiene que tener unas características muy concretas. Pero un 30% de la que utilizamos es de trigo gallego. O el aceite, que nos proveemos a través de Abril, con sede en Ourense.
Nuestra idea es apoyar la producción local y, a medio plazo, llegar a ser un agente dinamizador de materias primas gallegas.
 
Hace pocos días habéis sido incluidos, por segundo año consecutivo, en la lista del Financial Times como una de las empresas más rentables de Europa. Un ranking que saldrá publicado el mes que viene. Sois una empresa pequeña, familiar. ¿Os imaginabais llegar a este punto?
 
Sí y no. Al hacer el estudio de mercado, para 2013 esperábamos mejores resultados de los que tuvimos. La crisis económica llegó al sector de la alimentación más tarde que al resto, y tuvimos un estancamiento entre 2010 y 2013 en el que apostamos por una actividad constante. Los frutos los empezamos a recoger en 2014 y no imaginábamos los resultados que estamos teniendo hoy.
En 2018 tuvimos una facturación de 4,7 millones de euros, un 34% más que el ejercicio anterior. El ranking del Financial Times analiza un periodo de tres años, de 2014 a 2017, y en esa época llegamos a tener un crecimiento de hasta el 70%. Estamos muy contentos, porque estos crecimientos son más propios de empresas tecnológicas que de agroindustria.
 
Con estas cifras de crecimiento, os habréis visto tentados por ofertas de compra de grandes marcas…
 
Propuestas siempre hay. Pero Daveiga nunca fue concebida para especular, así que cualquier opción de este tipo no nos la planteamos. Para nosotros, este proyecto es más que un medio de vida; es también una filosofía.
 
Además de convertir a Daveiga en un agente dinamizador de la agricultura local, ¿qué otros proyectos tenéis en mente?
 
Estamos aprovechando esta época de crecimiento para crear estructura e infraestructura empresarial, consolidando el área de I+D, el área de comunicación, pero, sobre todo, el de internacionalización.
Hoy, el 60% de nuestra facturación procede de Portugal; el 25% de Galicia y, el resto, de otros puntos del país. Queremos avanzar en el mercado español mientras avanzamos en proyectos por el resto de Europa y alguno por Estados Unidos, pero a menor escala.
Esto también nos consolidaría ante la aparición de competidores; con una buena estructura estaremos preparados para competir contra un grande.
 
¿Cuántas de galletas producís a diario?
 
La cifra normal es de 4.000 kilos de galletas, que equivale a 20.000 bolsas diarias de 200 gramos cada una. Pero en momentos puntuales, como el de las últimas semanas, estamos con fluctuaciones de hasta 5.000 kilos. Esta producción nos permite tener a 51 personas en plantilla, con un grupo de 14 personas que se suma en momentos de mayor producción.